• Catalina Bressan - Universidad Nacional de Rosario

El Presupuesto Participativo Joven. ¿Política de la juventud y para la juventud?


Fuente: Presupuesto Participativo Joven, Zárate 2015



Resumen


Este artículo se propone analizar la experiencia de Presupuesto Participativo Joven (en adelante PPJ) llevada a cabo en la ciudad de Gualeguaychú. En tanto el objetivo del dispositivo es convertirse un espacio para atender problemáticas específicas de este grupo social, nosotros constatamos que en la práctica, las y los protagonistas buscan desmarcarse de lo específicamente joven para tratar temáticas de alcance transversal a la ciudad(nía).


En un primer momento presentamos el dispositivo del PPJ en tanto política pública participativa que persigue la promoción de la participación juvenil en la gestión de lo público. Luego, a partir de analizar la metodología -o diseño- y las prácticas de participación nos dedicaremos a observar qué sucede en la experiencia concreta teniendo en cuenta sus diferentes etapas, objetivos, dinámicas y actores. En el último apartado reflexionamos cómo desde la gestión estatal se construye la concepción de lo joven y cómo esto repercute en el tipo de participación que se produce en el dispositivo.

Introducción


En la agenda de investigación latinoamericana el estudio de las políticas participativas ha sido un tema de creciente importancia en las últimas tres décadas. El análisis de experiencias de Presupuesto Participativo (en adelante PP) ha sido el principal foco de atención de la literatura sobre prácticas participativas. No obstante, otras experiencias de participación han recibido menos atención por parte de los investigadores. Un ejemplo de ello es el Presupuesto Participativo Joven (PPJ), política pública que comienza lentamente a expandirse por el territorio nacional.


Los escasos trabajos centrados en analizar estos dispositivos demuestran la necesidad de realizar investigaciones empíricas que permitan contener un cúmulo de experiencias capaces de describirlos, caracterizarlos así como analizar sus conquistas, los resultados y los desafíos que presentan en términos de políticas públicas de inclusión social.


Con respecto al PPJ que aquí analizamos, la existencia de un dispositivo diferencial para los jóvenes, si bien implica un esfuerzo por integrarlos a mecanismos de acción reales, tiene como contraparte la exclusión del vínculo con los otros grupos etarios que componen la sociedad. Como veremos más adelante, esta cuestión es puesta en entredicho por los participantes, quienes en algunas ocasiones interpelan a las autoridades municipales para ampliar la apertura de los beneficios de su participación.


Las afirmaciones que se realizan en este trabajo son producto de una investigación llevada a cabo en la ciudad de Gualeguaychú (Entre Ríos)[1]. En dicho trabajo tomamos como casos de estudio el Presupuesto Participativo General y el Presupuesto Participativo Joven de la Ciudad[2]. La dimensión temporal de la investigación se centra en el período comprendido entre el año 2012, que es el inicio del PP general, hasta el año 2016. El recorte temporal elegido coincide con la gestión de gobierno de Juan José Bahillo (2011-2015) y con el primer año de gobierno del mandato de Esteban Martin Piaggio (2015-2019). En la gestión local de la ciudad de Gualeguaychú se produce el cambio de gobierno pero no de color político ya que ambos candidatos son del Frente para La Victoria.


La investigación se realizó bajo una metodología cualitativa y los datos tienen origen en dos tipos de fuentes. Una de ellas primaria, obtenida mediante entrevistas en profundidad a los actores claves (funcionarios, facilitadores en las asambleas y técnicos, vecinos/as y jóvenes) y la observación directa durante algunas asambleas populares en los PPs. La otra secundaria de tipo documental y bibliográfico. Consultamos documentos institucionales, Decretos, Ordenanzas, declaraciones públicas y posicionamientos políticos de los actores, etc. El trabajo de campo se realizó durante el año 2015 y en menor medida durante el 2016[3].



El PPJ una política incipiente en nuestro país


El Presupuesto Participativo (PP) es un dispositivo que se creó en la ciudad de Porto Alegre, Brasil, en el año 1989 y se difundió rápidamente en América Latina. De acuerdo a que tan rigurosa sea la definición de PP, éste se ha expandido desde algunas docenas de ciudades, sobre todo en Brasil, entre 250 y 2.500 tan sólo en Latinoamérica[4] (Goldfrank, 2006).


En Argentina, la introducción de políticas participativas innovadoras por parte de los municipios se concretó primero en grandes centros urbanos. El caso pionero fue Rosario en el 2002, todavía al calor de la crisis de representación del 2001, le siguió Buenos Aires en el 2002 y luego Morón en el 2008.


En la actualidad el PP se ha expandido a una gran cantidad de municipios con escalas y tamaños diferentes. Hoy en día, en 13 de las 23 provincias argentinas existe al menos un municipio que aplica esta herramienta[5] y un total de 55 municipios a lo largo y ancho del país. La escala poblacional de los municipios con PP es de tal relevancia que en 2011 tres de cada 10 residentes en Argentina, habitan en distritos donde el destino de parte de los recursos públicos es decidido por la ciudadanía (López Acoto, Carmona y Martínez, 2012).


A nivel nacional no hay ninguna normativa específica que promueva ni regule el PP. Pero la fundación en 2008 de la Red Argentina de Presupuesto Participativo, organización dependiente de la Secretaría de Relaciones Parlamentarias de la Jefatura de Gabinete y de la Secretaría de Asuntos Municipales del Ministerio del Interior y de Transporte, permitió la multiplicación de experiencias en todo el territorio nacional, cuyo rol fue promocionar la herramienta y asesorar a los municipios que quieran implementarla.[6]


El PP se basa en una mecánica compleja que hace intervenir a la municipalidad y a sus funcionarios en asambleas ciudadanas donde se producen rigurosas negociaciones entre los actores implicados a lo largo de todo el ciclo presupuestario para decidir sobre cierto monto flexible del presupuesto municipal.


Una definición útil de PP es la que nos ofrece Goldfrank (2006:4), “es un proceso a través del cual los ciudadanos, de forma individual o a través de organizaciones cívicas, pueden de forma voluntaria y constante, contribuir en la toma de decisiones del presupuesto público, a través de una serie de reuniones anuales con las autoridades gubernamentales”.


En general el PPJ y el PP general comparten una arquitectura institucional semejante, el proceso comienza con la convocatoria de la municipalidad a los ciudadanos, y la asistencia de los mismos a las asambleas para proponer, discutir y elegir prioridades presupuestarias para la ejecución de proyectos. Mediante diferentes técnicas, se establecen las prioridades de las obras y se convierten en proyectos, los cuales son elegidos a través del acuerdo o el voto entre ellos en asamblea. Las definiciones son incorporadas en la propuesta de presupuesto de la administración municipal para ser ejecutados durante el desarrollo del año próximo. Luego puede haber instancias de verificación de la implementación de los que fueron aprobados.


Son variadas las definiciones que los autores que estudian la temática han dado al PP, lo que reflejan también la multiplicidad de experiencias. Varios autores (Martínez y Arena, 2013; Romella, 2013; Bloj, 2014) que realizaron relevamientos y comparaciones de los diseños institucionales de los casos en nuestro país, convergen en considerar que los formatos no son constantes en la misma localidad a lo largo del tiempo, sino que en los distintos ciclos están sujetos a modificaciones según los responsables.


Otra característica importante es que estos dispositivos participativos son herramientas que, en general, están asociadas a una determinada conducción de gobierno: son los intendentes y funcionarios del poder ejecutivo (vice-intendentes, coordinadores de aéreas, técnicos, funcionarios) quienes se movilizan y son responsables de su creación y continuidad en el tiempo.

Esta cuestión tiene varias aristas ya que por un lado, permite flexibilidad para introducir modificaciones a la política para que el ejecutivo pueda darle una promoción y orientación particular –a través de mayor presupuesto o disposición de funcionarios para gestionar la participación-, y por el otro se convierte en un aspecto débil, porque en muchos casos (no en el que analizamos en esta investigación) al terminar el mandato de gobierno la herramienta deja de funcionar.


Es por ello que, además de la institucionalización formal del dispositivo a través de normativas, es importante el grado de arraigo que genere en los ciudadanos ya que estos espacios también se conquistan desde la sociedad.


El PPJ es una herramienta que, en forma incipiente, comienza a desplegarse en el país. La primera experiencia surge en Rosario en el 2004 y según datos de los funcionarios entrevistados, al momento de poner en marcha el dispositivo en la ciudad de Gualeguaychú, era la tercera experiencia del país. La segunda experiencia es la de Unquillo (Córdoba) en el año 2010.


El PPJ es un tipo específico de Presupuesto Participativo que presenta una estructura semejante a los dispositivos de PP general, pero que tiene una diferencia fundamental: está orientado a los jóvenes. Es por ello que se presenta como una herramienta que realiza importantes aportes en la construcción de ciudadanía a través de acciones tendientes a reforzar la identidad especifica de la juventud. En este sentido, “el aprendizaje democrático en el marco de una participación temprana contribuye a la toma de decisiones informada, a reforzar sus autonomías, a revalorizar saberes y a fortalecer las identidades en la ciudad y en los micro espacios de referencia” (Bloj, 2016: 10).


Por tanto, esta política supone cambios en la concepción del derecho que privilegia acciones afirmativas para las y los jóvenes, donde ellos son los protagonistas de las políticas y no simplemente los receptores de los beneficios.


Desde el Estado, la lógica que se espera es que en el dispositivo se traten los temas específicos de este grupo social, que se piensen proyectos desde lo específicamente joven. Podemos decir que esta herramienta cristaliza una política de la identidad porque busca abordar demandas diferenciales a partir de categorías sociales fijadas de antemano. Así se produce “la exaltación de una modalidad acotada del ‘nosotros’, una en la cual el pronombre es enunciado dentro del horizonte de un grupo particular y visto como incompatible con formas más amplias del ‘nosotros’[7]” (Arditi, 2010: 43).


La acción performativa de las autoridades municipales que los convoca a participar pone el acento en la identidad, en aquello que tienen de específico y que comparten en tanto grupo social delimitado. Son las características de este público particular lo que se exalta con el fin de promover acciones antidiscriminatorias y sensibilizar a la sociedad en general sobre sus problemáticas específicas.


Para profundizar la participación de las y los jóvenes, el rango etario debe ser lo más amplio posible llegando a incluir a aquellos jóvenes que no se encuentran escolarizados y/o aquellos excluidos del derecho al voto y la ocupación de cargos electivos.


El periodo juvenil que se toma como referencia para los estudios sobre políticas de juventud es el definido por la Organización Iberoamericana de Juventud (OIJ), que abarca el rango etario de los 15 a los 29 años. No obstante, si bien la edad permite delimitar la condición juvenil, no es este criterio el que la define de manera exclusiva ya que la juventud no puede ser entendida como fase o etapa de la vida “sino que expresa condiciones sociales y construcciones socio históricas que, a lo largo del tiempo, sufren resignificaciones, poniendo en entredicho los estereotipos generacionales rígidos” (Bloj Cristina, 2016:9).


La edad en la que se es joven, niño o viejo no se agota en el referente biológico. Lejos de ser una definición transparente y cerrada, la edad asume valencias distintas en diferentes sociedades, como así también al interior de una misma sociedad, en donde los jóvenes tienen disímiles lugares sociales (Reguillo, 2000).


Así, la juventud difiere de sociedad en sociedad dependiendo del contexto histórico, donde deben considerarse las minorías sociales, étnicas, de grupos que intervienen en la construcción de qué es lo juvenil para cada contexto especifico. El desafío, entonces, es analizar a las juventudes sin definirlas ni pensarlas desde una única visión sino reconocer que es un concepto heterogéneo e históricamente situado. Por lo tanto, la juventud no es una, en singular, sino que es más apropiado referirse a juventudes, en plural.


Un aspecto central a considerar al trabajar las políticas de juventudes es lograr una visión autónoma con respecto a una mirada adultocéntrica, ya que muchas veces se consideran a los jóvenes como objetos de políticas sin incorporarlos como sujetos con derechos y obligaciones. Al respecto, Serna (2000:212) afirma que “tenemos que partir de la premisa de que el conflicto esencial de la juventud es lograr la autonomía de las normas y valores de la sociedad adultocéntrica”. En este sentido, proporcionar políticas para los jóvenes y desde los jóvenes se constituye como el principal desafío para estas políticas. Lo dicho también implica borrar de los jóvenes la etiqueta de “futuro” para otorgarles la de “presente” y así en primera instancia, dejar de tratarlos como minoridad (Beretta; et al, 2006).


Miguel Abad (2002) alude a la necesidad de alejarse de las perspectivas centradas en políticas públicas sectoriales pensadas para jóvenes en base a los dos grandes ejes demarcados por la secuencia educación y trabajo. Por el contrario, propone avanzar desde una concepción agregativa de proyectos sectoriales, que enfatiza su dimensión programática de la política de juventud, hacia una dimensión estratégica “de plan maestro que proporcione coherencia y reglas de juego claras para la acción del Estado a favor de jóvenes y adolescentes” (p. 132).

El dispositivo del PPJ debe pensarse entonces como un paso más en la construcción de ciudadanía al permitir bajar el límite de edad para la participación ciudadana y ser todavía más inclusivo que el derecho electoral en nuestro país, extendido ya a los jóvenes de 16 y 17 años.

La experiencia del PPJ en Gualeguaychú.


La ciudad de Gualeguaychú se propuso en el año 2014, ampliar y afianzar la participación ciudadana a partir de incorporar a la juventud en el esquema de decisiones sobre el uso de los fondos públicos mediante la elaboración de proyectos sobre temas que le interesan, donde se incorpora el debate y el voto como mecanismo de elección.


El primer ciclo de PPJ es implementado por la gestión del intendente Bahillo[8]. El programa es llevado a cabo por el Área de Juventud, dependiente de la Dirección de Desarrollo Humano de la Municipalidad en conjunto con la Secretaría de Poder Popular.


En la provincia de Entre Ríos, la ciudad de Gualeguaychú[9] es pionera en implementar la herramienta, y hasta el momento de realizar nuestra investigación, la única en toda la provincia de Entre Ríos.


La dimensión participativa que presenta el PPJ supone sumar voces y miradas al espacio público haciendo visibles demandas y problemáticas específicas y supone reconocer el valor que poseen los jóvenes en tanto hacedores de la ciudad. Por ello, iniciativas como el PPJ dan cuenta del esfuerzo que muchos municipios han emprendido en esta dirección.


Para la puesta en marcha del programa se trabajó en el fortalecimiento de los Centros de Estudiantes de la ciudad, un trabajo que, según nos contaron los funcionarios entrevistados, comenzó a realizarse minuciosamente durante el año 2013.


Como planteamos más arriba, los atributos considerados para definir el rango etario de los jóvenes varían dependiendo del contexto, pero la definición de la edad es una cuestión fundamental ya que se encuentra conectada con los objetivos de la política y la promoción de la inclusión social de este sector en la construcción de la comunidad. Con respecto al rango etario que establece el dispositivo de la Ciudad, un funcionario nos decía que:


"Se toma como base la edad de 15 años que es el umbral para poder formar un centro de estudiantes. Y la edad de 24 años se seleccionó porque en la educación universitaria no hay mayores de 25. Pero ahora estamos pensando en que podemos bajar la edad mínima a 14, pero no aumentar la edad máxima porque ya son personas bastante grandes". (Entrevista con funcionario)


Como se señala en el gráfico que mostramos a continuación, cada etapa está delimitada temporalmente y contiene una serie de actividades y tareas específicas desde donde se involucra a los participantes de diferentes maneras. En las etapas mencionadas, se organizan asambleas con los jóvenes: algunas informativas, de difusión y otras de discusión de propuestas; luego está el momento de la votación y por último la ejecución de los proyectos.


Gráfico 1: Ciclo del PP joven en la ciudad de Gualeguaychú

Fuente: Elaboración propia en base a documentos institucionales.


El diseño general del PPJ es un ciclo bianual que comienza con la convocatoria y pasa por la formulación de propuestas y proyectos. Un dato que resulta interesante es que la etapa de factibilidad donde las ideas se someten “al filtro” de los funcionarios y técnicos encargados de dar el alta a aquellas que pueden postularse para la próxima etapa, no aparecen mencionadas en los documentos institucionales ni en los afiches de difusión de la herramienta. Esta etapa se realiza después de la formulación de los proyectos. La tercera etapa es la de exposición de los proyectos. Le sigue la de votación y por último la ejecución y el monitoreo.


Como regla general los adultos no comprendidos en el rango etario defino por el dispositivo no participan en las reuniones, ni en los debates, ni en las votaciones. Sólo participan de estas instancias quienes sean designados como facilitadores o coordinadores, generalmente profesores, o personas convocadas por los participantes para brindar algún apoyo concreto en la confección de algún proyecto o brindar charlas sobre un tema específico.


En la metodología del PPJ podemos identificar 4 momentos. La primera donde se distribuyen los formularios para la elaboración de propuestas. Es aquí cuando se involucra al Centro de Estudiantes de cada escuela, a los clubes de barrio e instituciones religiosas. Cada una puede presentar hasta dos proyectos y no existe ninguna restricción temática. La única es el límite de edad.


La segunda etapa es la que contiene un formato de asamblea. Aquí se convoca a toda la población juvenil a presentar los proyectos que elaboraron en base a las prioridades surgidas al interior de cada institución, para que se decida cuáles serán elegidos a través del voto. Es interesante resaltar que en el dispositivo de esta ciudad no se eligen consejeros como en otros[10].


La tercera etapa es la votación de los proyectos donde cada joven puede votar un proyecto presentándose en los lugares dispuestos para ello con su documento de identidad. Generalmente, se distribuyen urnas en varios puntos de la ciudad. En las ediciones anteriores fueron colocadas en el puerto de la ciudad y otra en el Concejo Deliberante, garantizando la distribución territorial.


La última etapa del ciclo es aquella que se relaciona con la rendición de cuentas, donde según los documentos institucionales, los jóvenes asumen el rol proactivo en el seguimiento y control en la ejecución de los proyectos.


En el caso del PPJ de Gualeguaychú, ésta es una de las etapas del ciclo menos consolidada. Por lo que pudimos relevar, no existen comisiones de seguimiento conformadas por jóvenes sino que son los propios funcionarios quienes se encargan de informar el grado de avance y cumplimiento de los proyectos.



El diseño institucional y las prácticas de los actores en el PPJ


A continuación, analizamos las características generales del diseño del dispositivo en función de los aspectos e indicadores, la mayoría de ellos dicotómicos, algunos los tomamos de Arena y Zarate (2013) y otros construidos por nosotros. Asimismo describimos y analizamos algunas cuestiones de la dinámica participativa que nos permitan ilustrar el tipo de participación que imprime el dispositivo en la participación de las y los jóvenes.



Organización del territorio

Con respecto a la organización del territorio la ciudad es tomada como una sola zona que se denomina Zona 10. Esta zona comprende a los jóvenes de toda la ciudad y por lo tanto existe un presupuesto único para todo el municipio.


El distrito único del dispositivo del PPJ permite organizar la participación a nivel ciudad en lugar de segmentar territorialmente a la ciudadanía. Esta metodología supone un cambio en la lógica territorial que predomina en los diseños participativos del PP general y del PPJ en particular ya que, según Martínez y Arena (2013) en los casos del municipio de San Miguel y Rosario el dispositivo joven asume un carácter territorial estableciendo foros barriales en cada área delimitada para la participación.


Entonces, la propuesta de un distrito único supone una contribución para cambiar la visión de ciudad fragmentada que a veces predomina y se reproduce desde las metodologías territoriales de los dispositivos participativos.


A su vez, esta metodología que no distribuye el presupuesto en el territorio –como la metodología territorial del PP general de la ciudad de Gualeguaychú que lo hace mediante zonas descentralizadas- presenta el desafío de distribuir la participación a toda la ciudad.


La distribución de la participación a toda la ciudad trabaja especialmente con el objetivo de incluir a aquellos jóvenes que carecen de recursos y que no están insertos en ningún tipo de institución y a aquellos sectores no escolarizados. Este parece ser el gran desafío del PPJ según la visión de los funcionarios.


Según algunos funcionarios, el proceso es más dinámico y favorable allí donde los equipos directivos y los docentes contribuyen a la motivación para la participación de los jóvenes. Por eso el desafío es poder generar amplitud y difusión en la convocatoria más allá de la dinámica escolar:


"Lo que todavía nos falta con el PPJ es que se quiere más escolar y estudiantil que joven, porque tiene mucha fuerza y arraigo en los colegios, en las instituciones terciarias y algunas facultades. Pero falta la dinámica barrial, de organizaciones que trabajan con jóvenes como los clubes, las iglesias. El problema es llegar a los NI: los que ni estudian ni trabajan, creo que esa es una de las debilidades que tenemos y un gran desafío" (Entrevista con funcionario).


Grado de institucionalización

El dispositivo se establece mediante la Ordenanza Nº 11884/2014, por lo que podemos decir que el nivel de institucionalización es alto. Como dijimos al comienzo, esto es importante porque es una condición que ayuda a la continuidad más allá de los cambios de gobierno. Asimismo, otorga lineamientos claros sobre los objetivos, marca el procedimiento y las reglas de la política.


Presupuesto a participar

La metodología del PPJ está organizada bajo un distrito único, por lo que el presupuesto no se descentraliza a las zonas sino que recibe tratamiento centralizado para toda la ciudad. En relación al presupuesto general del municipio, el porcentaje que se destina al PPJ en el año 2014 representa el 0,03%; en el año 2015 el 0,04%; en el año 2016 el 0,03%. Si bien la inversión en el dispositivo evoluciona, es menor en comparación al monto que se destina en el PP general de la ciudad, el cual para el año 2016 representó el 0,84% del presupuesto municipal.


Gráfico 1: Evolución de la inversión en el PPJ en miles de pesos

Fuente: Elaboración propia en base a datos institucionales.


Convocatoria a la participación

La participación reviste un carácter asociativo y colectivo ya que es a través de las instituciones educativas, clubes de barrios, iglesias, que se convoca a participar a los y las jóvenes.


Tabla 1: Participantes del PPJ período 2014-2016

Fuente: elaboración propia en base a datos institucionales


Del PPJ han participativo un total de 1.700 jóvenes. Puede observarse un incremento de la participación en el año 2015 y un decrecimiento en el año 2016. Según la visión de algunos funcionarios la merma de la participación en el PPJ se debe a que algunas escuelas que fueron muy activas en ciclos anteriores no participaron durante el 2016. Desde los participantes, nos comentaron que algunos colegios no acompañaron la participación como en años anteriores y que debido a la coincidencia de fechas de exámenes y cierres de notas se hizo muy difícil la elaboración de los proyectos. Esto muestra la importancia del acompañamiento del entorno escolar para la participación y el compromiso de los jóvenes en el dispositivo.


El PPJ en tanto política pública se justifica mediante una sectorialización coherente: los jóvenes participan para definir proyectos en la gestión del entorno que los rodea y se busca que sean sus beneficiarios. Es decir, desde la convocatoria se pretende que participante y beneficiario se correspondan. Esta dinámica va a caracterizar a todo el proceso donde los jóvenes buscan desmarcarse de lo específico de su condición juvenil y las autoridades municipales los encauzan hacia sus problemáticas específicas. Es decir, desarrollar un punto de vista y canalizarlo mediante un proyecto sobre temas que pertenecen al “mundo adulto”, no está permitido.


De esta manera, los jóvenes parecen ser el objeto de los proyectos surgidos del proceso participativo más que los protagonistas de la decisión. Desde la gestión estatal se contribuye a moldear una concepción de lo joven promoviendo que el tipo de proyectos que se promuevan sean específicos para este grupo social.


Forma de elección de los proyectos

La selección de los proyectos esta mediada por una elección formalizada en un voto. Se convoca a la población joven a depositar su voto en urnas distribuidas en puntos claves de la ciudad. Al respecto, los funcionarios nos comentaron que fueron las y los jóvenes mismos quienes decidieron que el mecanismo de selección fuera mediante el voto. Se permite el voto de la ciudadanía joven comprendida en la franja etaria de 15 a 24 años. Aunque a priori se parta del supuesto de que este mecanismo refuerza el tipo de lazo de representación tradicional, vinculada a la decisión individual a través de la variante una persona un voto, en la práctica los jóvenes tienden a unir los proyectos y elegir pocos.


Este aspecto es importante dado que según Fung y Wright (2003) la discusión deliberativa en comparación con el método del voto, permite obtener decisiones colectivas donde los participantes buscan persuadirse por medio de razones y no mediante intereses. Para el autor, el voto agregado promueve el interés individual donde los agentes no eligen lo más razonable para el grupo sino lo más conveniente para maximizar el propio interés.


No obstante, en la práctica se imprime una dinámica que podríamos denominar de tipo procesual y estratégica donde el tránsito por el proceso hace que el participante no permanezca pasivo y re-signifique su experiencia a partir de los intercambios con otros en la asamblea. Esto genera que muchas veces se cambie de opinión e incluso se voten proyectos que no son los propios:


"Chicos de otros colegios me dijeron que fue copado el proyecto nuestro, que era algo que se necesitaba realmente y varios de los compañeros de otros colegios fueron a votar nuestro proyecto y no el de ellos y la verdad que me sorprendieron" (Entrevista con participante).


Otro estudiante declaró: “Este año yo me re copé con un proyecto sobre reciclado de residuos, era de otra escuela pero me pareció que también podemos apoyarlo desde la escuela técnica” (Entrevista 08/06/2016).


Así, observamos que los jóvenes se aglutinan detrás de proyectos con más facilidad que los adultos[11]. Y aunque existe, por parte de los funcionarios, la idea de fomentar muchos proyectos, para que “todos se vayan con algo”; los jóvenes se desmarcan de esta práctica y optan por proyectos más abarcativos.


Los funcionarios nos remarcaban la idea de que "No tenía que ganar un solo proyecto, porque teniendo proyectos de montos grandes no podían entrar otros y quedaban muchos afuera. Nos decían: más vale tener seis proyectos de $15.000 y no uno solo de $90.000" (Entrevista con participante).


Asimismo, otro de los jóvenes entrevistados aseguró: “Los funcionarios nos recomendaban pensar en proyectos por etapas, no centralizar en uno que cueste mucho porque eso es poco solidario con el resto, sino que la idea era que entren muchos proyectos” (Entrevista con participante).


Este rasgo es fundamental dado que caracteriza la forma en que los jóvenes participan: los mismos tienden a priorizar proyectos colectivos y están más dispuestos a dejar de lado “su proyecto” para votar otro que se considere mejor para el conjunto.


Los objetivos de la política

El objetivo principal[12] que se persigue desde la municipalidad con el PPJ enunciado en la Ordenanza Nº 11884/2014 es “promover las capacidades y potencialidades de los jóvenes para posibilitar una inclusión social y política a partir del reconocimiento de sus derechos como ciudadanos comprometidos con los destinos de la ciudad”. Asimismo, y en sintonía con el objetivo explicitado se pone el foco en “ampliar el acceso a oportunidades en el ejercicio de sus derechos como ciudadanos, convirtiéndose en una alternativa frente a la escasa representación social que hoy padece este sector para influir y tomar decisiones en la institucionalidad pública”.


Así, el PPJ se presenta como una herramienta que realiza aportes a la construcción de la ciudadanía desde una mirada centrada en la promoción de políticas públicas ligadas a las problemáticas específicas de este sector social. La concepción de la representación adjetivada como escasa y en estado de padecimiento, deja entrever la apelación a una representación política diferenciada del resto de la sociedad, con el fin de promover acciones antidiscriminatorias.


Temática de asamblea

En el dispositivo no se establece ninguna restricción temática, por lo que muchas veces aparecen cuestiones que surgen de los propios participantes y que superan el tratamiento de lo inmediato. En este sentido, el no encasillamiento en categorías estancas y cerradas permite unir diversas expresiones en temas transversales a la ciudad. Así es que por ejemplo, las áreas que se tratan habitualmente son: cultura y recreación, medio ambiente o deporte.


El recurso de ejes temáticos libres permite desarrollar ideas innovadoras desde los jóvenes y no los obliga a tratar temáticas impuestas por la visión de los adultos. A continuación la tabla nos permite observar el tipo de proyectos que predomina en el dispositivo.


Tabla 2: Proyectos aprobados por ámbitos temáticos del PPJ (2014-2016)

Fuente: elaboración propia en base a datos institucionales


Como podemos observar en la tabla 2, la temática más votada por los jóvenes es la cultura. Algunos de los proyectos que se incluyen en aquí son: pista de Skate, radios, talleres de cine, de teatro o murgas, equipamiento de orquestas y bandas de música juvenil, etc. En el área deporte, los proyectos se relacionan con equipamiento para playones deportivos, compra de equipos de fútbol o básquet, talleres de apoyo para la educación física, etc.

Si atendemos a los proyectos que se suelen elaborar, seleccionar y ejecutar en el PP Joven, notamos un muy claro predominio de proyectos pensados “para” jóvenes donde ellos aparecen como beneficiarios de los mismos.



El PPJ: ¿una participación “desde” los jóvenes o una participación “para” los jóvenes?


A partir del recorrido de estas páginas podemos delinear la concepción de “lo joven” que se imprime desde la gestión estatal. La misma se expresa a partir de la acción performativa de las autoridades municipales que los convocan a participar y que se cristaliza en la práctica de la participación. En el PPJ el Estado busca la participación de actores definidos de antemano para tratar las problemáticas específicas de este grupo social y los equipos municipales encargados de la puesta en marcha fomentan que los proyectos que se elaboren, seleccionen y ejecuten sean “para los jóvenes”.


El sentido de la participación de los jóvenes está puesto en que participen en la elaboración de los proyectos (como participantes), en la votación de los proyectos (como votantes) y en la apropiación de los usufructos de la participación (como beneficiarios).


Desde el diseño y en la práctica del PPJ se busca una total correspondencia entre participante y beneficiario, dado que “nadie mejor que los jóvenes para pensar y proponer mejoras y proyectos para ellos” (Entrevista con funcionario).


Sin embargo, en la práctica los jóvenes intentan abarcar un conjunto más amplio de demandas traspasando el rango de interés propio de su condición de jóvenes con el fin de que su participación pueda derramar beneficios hacia otros grupos sociales. Por ejemplo, un participante nos comentó: “(…) Había un proyecto para equipar una plaza para personas con capacidades diferentes, era de la secundaria Nº 2, pero no pasó el proyecto porque tiene que ser para los jóvenes. Los funcionarios hacen mucho hincapié en ese punto”, explicó.


En la participación de los jóvenes la identidad se desliza y se desmarca de lo específico en vías de desarrollar puntos de vistas más amplios. Se apela a las autoridades municipales para que el dispositivo sea un espacio de debate donde puedan formular sus propias ideas y opiniones acerca de la comunidad en su conjunto.


Si retomamos a Balardini (2003) la participación juvenil desde una perspectiva joven apunta a superar los enfoques de políticas que actúan a demanda, es decir, aquellas que los consideran como meros beneficiarios (políticas “para” los jóvenes). Por el contrario, una política “desde” la juventud otorga y respeta el protagonismo a los colectivos de acción juveniles para que puedan pensar temas que no son propios del sector. Si partimos de la postura del autor podemos decir que en el PPJ se produce un encasillamiento de la participación juvenil porque se limita el resultado que la participación puede brindar hacia la comunidad.


Más bien se asume una visión paternalista que no reconoce que los jóvenes pueden aportar un pensamiento crítico hacia otros grupos sociales. El desarrollo del pensamiento crítico y el derrame que el mismo puede generar a la sociedad no se permite porque se desdibuja el objetivo fundante que inspira al dispositivo. No obstante, debemos advertir que al ser un proceso reciente y dado que sólo analizamos tres ciclos participativos del dispositivo, los resultados que se obtuvieron en esta investigación fueron provisorios. Por lo que del devenir del proceso iniciado se obtendrán los elementos necesarios para analizar si esta herramienta es capaz de innovar para convertirse en un proyecto político de redistribución de beneficios o se mantiene al margen de las reformas necesarias.


A manera de cierre…


En este trabajo analizamos el PPJ de la ciudad de Gualeguaychú desde el diseño institucional de la política y desde las prácticas de los actores, lo que nos permitió delinear el tipo de participación que se promueve desde el gobierno local así como también trazar algunas apreciaciones generales respecto de los resultados que la política genera.


En términos de la práctica de los actores observamos que los protagonistas buscan armar un solo proyecto y logran reunirse detrás de un objetivo común rápidamente. Asimismo, están más dispuestos a dejar de lado su proyecto para votar otro que consideran mejor para el conjunto. Si atendemos a los proyectos que se suelen elaborar notamos un claro predominio de las propuestas en sectores más generalistas, como cultura y deportes.


El recorrido aquí realizado también nos conduce a apreciar cómo desde la gestión estatal se construye la concepción de lo joven en el PP. En el dispositivo, el sentido de la participación de los protagonistas se debilita porque se los considera como beneficiarios y no como decisores de las propuestas. De esta manera, el Estado produce un encasillamiento de su participación limitando los beneficios que su participación podría generar para toda la comunidad. Para que la política pueda contener un sentido fuerte de la participación juvenil es necesario que se les permita discutir, proponer, seleccionar y ejecutar propuestas desde una perspectiva generacional, disputando así la ampliación del espacio público para la construcción de ciudadanía.



Bibliografía

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Notas


[1]Este trabajo es parte de la investigación doctoral titulada “Políticas Publicas participativas y escala. Re-pensando lo local desde la representación ciudadana de lo público. Un estudio de casos”, defendida el 20 de marzo de 2018 en la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario (Argentina).


[2]


[3]Es necesario advertir que en nuestra investigación sólo analizamos tres ciclos participativos del dispositivo del PP Joven, por lo que los resultados que se obtuvieron en nuestra investigación son provisorios.


[4]Siguiendo a Goldfrak, (2006) la cifra inicial incluye aquellas ciudades donde el PP comenzó como una iniciativa de gobiernos locales, en países desde México y la República Dominicana hasta Argentina y Chile. Las segundas cifras incluyen a los gobiernos municipales que por leyes nacionales, han tenido que implementar consultas ciudadanas en cuanto a la organización del presupuesto, tales como Bolivia, 327 municipios; Nicaragua, 125 municipios; y Perú con 1.821 distritos, 194 provincias y 25 regiones.


[5]Para observar estos datos consultar en www.rapp.gov.ar .


[6]En el año 2016 dicha Red fue eliminada del organigrama de la Secretaria.


[7] Las comillas son del autor.


[8]


[9] En la ciudad de Gualeguaychú existe también el PP para Adultos Mayores, experiencia pionera en el país. Según la Ordenanza Nº 12.041/2016 el sistema de “Presupuesto Participativo Adultos Mayores” es una herramienta de participación ciudadana mediante la cual las personas mayores de 60 años deciden el destino de parte del presupuesto municipal. Para la implementación del “Presupuesto Participativo de Adultos Mayores” la ciudad será considerada como una sola zona y se denomina Zona 11.



[10]Por ejemplo, el PP Joven de Rosario: el consejero es elegido por los participantes para actuar en las etapas sucesivas del dispositivo como representante. En lo referente a las funciones, son los encargados de sistematizar y reelaborar las demandas planteadas por sus pares.


[11]A partir de nuestro trabajo de investigación constatamos que en el PP general de la ciudad de Gualeguaychú los participantes tienden a priorizar muchos proyectos de bajo costo. La ventaja que parece provenir de esta práctica es que muchos obtienen algo del dispositivo y esto genera motivación para volver a participar: producen resultados más inmediatos y ello contribuye a su funcionamiento y legitimidad.


[12]Se mencionan otros objetivos secundarios como: fortalecer las relaciones entre los jóvenes y el Estado local para generar sinergias que propendan a mejorar la calidad de vida y aportar a los abordajes teóricos de la formación ciudadana y la participación directa, desde una experiencia práctica.


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