Treinta años de presupuestos participativos en el mundo

Fuente: www.occupy.com

 

 

 

Una esperanza entre crisis

 

Un torbellino de sucesos ocurridos durante los últimos 30 años transformó significativamente el mundo, las relaciones internacionales, las políticas de los Estados-Nación, el funcionamiento del mercado y la vida de las personas.

 

La década de los 90 estuvo incuestionablemente marcada por la disolución de la Unión Soviética y el fin de la Guerra Fría, la unificación alemana y la caída de las repúblicas socialistas en Europa Oriental. Estos sucesos dejaron un campo fértil para la expansión de los regímenes democráticos, la globalización y el capitalismo global. Muchos consideraron esta década como “tiempos prósperos” para la consolidación de la paz, la democracia, el crecimiento económico, la popularización de la notebook e Internet, aunque no sea posible generalizar.

 

En el período considerado, se registraron algunos sucesos trágicos, como la primera Guerra del Golfo, las guerras de los Balcanes, el genocidio en Ruanda y la batalla de Mogadiscio.

 

A principios del nuevo siglo, precisamente en el 2001, se registraron los tenebrosos atentados terroristas del 11 de septiembre, perpetrados por diecinueve suicidas que secuestraron cuatro aviones comerciales de pasajeros en Estados Unidos, haciendo que tres de ellos impactasen intencionalmente contra las Torres Gemelas del complejo empresarial World Trade Center en la ciudad de Nueva York y contra el Pentágono, sede del Departamento de Defensa de los Estados Unidos, en el Condado de Arlington, Virginia, en los alrededores de Washington D.C.. El cuarto avión cayó en un campo abierto próximo a Shanksville, en Pensilvania. No hubo sobrevivientes en ninguno de los vuelos. Desde aquel día, un terrorismo fanático, que utiliza armas poco convencionales se extendió por diferentes lugares del planeta, cambiando la forma de vivir en nuestras ciudades y la manera como nos miramos los unos a los otros. En muchos países el aumento de las medidas de seguridad implicó importantes restricciones a la libertad individual y colectiva.

 

La crisis financiera del 2008, precipitada por una anunciada “burbuja inmobiliaria” y el quiebre en cadena de varios grupos financieros originó una fuerte baja en la actividad económica, el aumento exponencial del desempleo, el desequilibrio de las cuentas públicas en muchos países y el desplazamiento de miles de personas hacia situaciones de pobreza y exclusión. Los salarios sufrieron reducciones y el mercado laboral volvió aún más precario. Varios Estados se esforzaron por salvar a los Bancos que estaban en riesgo de quiebra, utilizando los fondos de los contribuyentes. Varias de estas instituciones financieras se salvaron, mientras que muchas familias aún siguen luchando para lograr recuperar algo de lo que perdieron con la crisis.

 

A finales del 2010 surgió una ola de protestas que se hizo conocer como la Primavera Árabe, originando revoluciones en Túnez y en Egipto, guerras civiles en Libia y Siria y grandes movilizaciones populares en Argelia, Bahréin, Djibuti, Irak, Jordania, Omán e Yémen, entre otros. La raíz de estos movimientos radica en la ausencia de democracia en estos territorios, en el agravamiento de la crisis económica y en el deterioro de las condiciones de vida de las poblaciones.

 

En Siria, las posiciones se extremaron entre el régimen dictatorial de Bashar al-Assad y varias milicias armadas - desde fuerzas revolucionarias hasta grupos islámicos, entre los cuales se encuentra el auto-proclamado Estado Islámico - que han conducido al país hacia una guerra civil que mató a miles de víctimas inocentes e hizo que millones de personas huyeran hacia lo incierto. Aunque no haya precedentes relevantes en esta cuestión, Siria lidera la lista de países de origen de las poblaciones refugiadas[1], seguidas por Afganistán, Somalia, Sudán y Sudán del Sur, entre otros. Los campos de refugiados y los barcos improvisados, cargados de personas que intentan cruzar el Mediterráneo para llegar a Europa, aparecen hoy como “imágenes de época” de los tiempos modernos.

 

A pesar de los avances registrados en la última década en la lucha contra el hambre en el mundo, liderada por las Naciones Unidas, el número de personas que sufre este problema aumentó drásticamente, alcanzando el 11% de la población del planeta en 2016, es decir, cerca de 815 millones de seres humanos. Un estudio sobre la seguridad alimentaria revela que el agravamiento de esta situación es resultado de “la proliferación de los conflictos violentos, los altos precios de los alimentos y los patrones climáticos anormales"[2].

 

La presente coyuntura mundial también evidencia la existencia de una incontrolable crisis ambiental global. Este es el mensaje que la Agencia de las Naciones Unidas para el Ambiente planteó en el informe "Hacia un Planeta Libre de Contaminación”[3], de 2017. En dicho documento se recuerdan los principales desafíos actuales, específicamente: los cambios climáticos, la expansión demográfica, la ruptura del equilibrio en los ecosistemas y en la diversidad biológica, la desertificación de los suelos debido a prácticas de agricultura intensiva, la desforestación, la erosión de los suelos y la sedimentación de los ríos, la contaminación y el agotamiento de los recursos hídricos, la contaminación/polución de los suelos, el aire, los ríos y océanos, los incendios forestales, las catástrofes naturales.

 

Según Manuel Castells (2017, 12), el planeta azul enfrenta una crisis aún más profunda, con consecuencias devastadoras por la (in)capacidad de tratar las múltiples crisis que afectan a las sociedades modernas, en particular: la ruptura de la relación entre gobernantes y gobernados. El autor afirma que la muy frecuente falta de confianza en las instituciones deslegitima la representación política y, por eso, “nos deja huérfanos de un abrigo que nos proteja en nombre del interés común.”

 

Se ha vuelto recurrente abordar las fragilidades de la democracia utilizando argumentos como la progresiva pérdida de confianza de la sociedad en los agentes políticos, en el funcionamiento de la democracia, en la capacidad de cuidar el bien común y de que los políticos respondan a las necesidades y expectativas de los habitantes.

 

Este “desencanto con la democracia” también se refleja en los actos electorales, momento en el que por excelencia se realiza la elección consciente sobre el futuro de una sociedad. Por un lado, en algunos países se verifican elevados índices de abstención electoral. Por el otro, el voto comienza a ser utilizado como “arma para atacar” a los partidos y las élites políticas tradicionalmente en el poder.

 

El derecho histórico a una elección libre, que proviene de largas luchas sociales y políticas, viene sufriendo una gran y muy célebre desvalorización que debería movilizar y plantear cuestiones a las mentes más iluminadas. ¿Por qué motivo el acto por excelencia del ejercicio de la ciudadanía resulta tan poco movilizadora para gran parte de la población? La respuesta a esta pregunta parece radicar en la convicción de una parte de la sociedad de que el voto es un falso poder y que su ejercicio es poco relevante o que nada cambiará. De acuerdo con esta perspectiva, la abstención es resultado de una acción derivada de una reflexión previa y no refleja actitudes de desinterés o negligencia.

 

Existe otro grupo de personas insatisfechas, movilizadas por campañas populistas, que vienen a ejercer su derecho a voto como forma de protesta o de represalia contra los partidos tradicionalmente en el poder y las élites, como ocurrió con el referéndum que estableció la separación del Reino Unido de la Unión Europea, más conocido como Brexit, y la consecuente destitución del Primer Ministro, la elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos y la de Macron como presidente francés, entre otros ejemplos. Estos hechos son el resultado de las elecciones de los ciudadanos y de la actuación de las instituciones, por lo que se puede afirmar que la "democracia está funcionando”. Sin embargo, no basta para disimular el gran malestar de la clase política y de la sociedad en relación con los hechos verificados. Estos hechos son el reflejo de un proceso de desgaste de los regímenes democráticos. En un contexto como el que delineamos aquí, el populismo y la demagogia encuentran un fértil terreno para progresar, al tiempo en que se polariza el espacio político y se refuerzan los extremismos.

 

Frente a lo expuesto, resulta más o menos evidente que las elecciones dejaron de ser suficientes para hacer que la democracia sea creíble. No basta tener un gobierno democráticamente elegido para que las exigencias del régimen sean satisfechas. Esta afirmación se vuelve más sólida cuando se percibe que el ejercicio de la democracia tiende a confinarse a los espacios políticos menos importantes para la cotidianeidad de las personas. Las grandes decisiones que suelen influenciar la vida en sociedad son en gran parte tomadas en ámbitos en los que la democracia aún no es efectiva, como pasa en algunas organizaciones internacionales.

 

De acuerdo con el Democracy Index de 2017, menos del 5% de la población mundial vive actualmente en una “democracia plena” y casi un tercio se encuentra bajo el dominio de regímenes autoritarios. Larry Diamond, citado en este trabajo, afirma que los datos revelan un contexto de “recesión democrática” a escala global. Esta afirmación se basa en la constatación de una reducción en 89 países en el ranking mundial, contra los 27 que han mejorado su desempeño. El autor señala como causas de este fenómeno la reducción de la participación popular en la política y en las elecciones, el debilitamiento del funcionamiento de los gobiernos, el alejamiento de las élites políticas en relación con el electorado y el descenso de confianza en las instituciones y la libertad de prensa, entre otras razones.

 

Lo que se vive actualmente es una situación paradójica. Por un lado, se verifica un alto nivel de apoyo popular a las democracias y, por el otro, una “profunda insatisfacción” con su funcionamiento y el sistema de representación política.

 

Un breve recorrido histórico de los últimos 30 años y del comportamiento democrático busca comprender el contexto en que los presupuestos participativos se desarrollaron. Se observan dos aspectos: i) uno más positivo, vinculado con hechos que determinaron la penetración de los procesos participativos en territorios cerrados a la incorporación de prácticas provenientes del exterior, principalmente del occidente, como la unificación de Alemania, la disolución de la Unión Soviética y del bloque socialista formado por países del este europeo, además de la Primavera Árabe y el avance de Internet; ii) otro, menos favorable, radica en la multiplicidad de crisis y conflictos, que sin dudas ya se trata de un aspecto poco “amigable” para crear iniciativas participativas cuya naturaleza implique el refuerzo del diálogo social, la solidaridad territorial, la confianza entre las personas y las instituciones, la profundización de la democracia, entre otros varios aspectos.

 

Los hechos relevantes que afectaron el mundo en las últimas tres décadas son de dimensión estructural con impactos muy directos en las formas de organización social y política, mientras los presupuestos participativos, por su carácter local y experimental, alcanzaron elevados niveles de difusión, aunque tuvieron respuestas circunstanciales para los problemas más serios.

 

Ante lo expuesto, es necesario mencionar tres conclusiones esenciales para la comprensión de estos procesos y para la gestión de las expectativas. Así, los presupuestos participativos:

  • surgieron y se desarrollaron en contextos de profundas crisis y, en algunos casos, como respuesta a estas crisis (falta de confianza en las instituciones y en las élites políticas, conflictos de distintos órdenes, catástrofes, etc.), evidenciando su carácter contracíclico;

  • poseen una capacidad de acción y de producción de impactos proporcionales a su propia dimensión, que en la mayoría de los casos es limitada o circunstancial;

  • cuentan con una “elasticidad metodológica y conceptual” que viene posibilitando su adaptación a diferentes contextos y con distintos propósitos. En esta característica en particular, radica uno de los principales factores de éxito que llevó a una ampliación territorial tan significativa como la que se ha registrado hasta el momento.

Debe considerarse a los presupuestos participativos como una esperanza entre las crisis, como un embrión de otras formas de vivir en democracia, más participativas, más efectivas y cercanas a las personas. Además de ser deseables, estos aspectos comprueban que es posible explorar nuevos umbrales para el ejercicio de la participación y la construcción de los derechos de la ciudadanía. En sentido figurado, es como si la democracia representativa estuviera “embarazada”. Dentro de ella existe el palpitar de algo más, de poder llegar a ser aquello que realmente es, de la búsqueda de lo nuevo, de la creación de algo que tiene como meta ayudar a reforzar y hacer perpetuo el régimen democrático, aunque en un ámbito de perfeccionamiento y mejora que permita superar los errores y desvíos del pasado.

 

 

Un nuevo censo de los PP en el Mundo

 

El proceso de propagación de los presupuestos participativos no tiene precedentes. Conviene recordar que en sus orígenes era una práctica de ámbito local, que comenzó al final de los años ochenta del siglo pasado en el sur de Brasil y que adquirió notoriedad y visibilidad en el país y en el exterior, contagiando a otros gobiernos municipales, regionales y nacionales y también a organismos internacionales, agencias de cooperación, universidades, organizaciones no-gubernamentales, entre otros agentes del mundo.

 

El presupuesto participativo tuvo cambios metodológicos, procedimentales y de marco normativo, en algunos casos significativos. De prácticas experimentales y localizadas, a una institucionalización como política pública en algunos países, con la creación de redes nacionales e internacionales, el presupuesto participativo se ha convertido en parte de un movimiento social y político en defensa de la democracia participativa.

 

En función de los datos recopilados a través de diferentes artículos de este libro y de otras fuentes de información, se estima que existan entre 7.059 y 7.671 mil presupuestos participativos en el mundo[4]. Las situaciones son muy dispares y estos son solo los números, ya que no es posible analizar los métodos, resultados, ni la intensidad y solidez de la participación ciudadana en cada realidad puntual.

 

Figura 1: Mapa de los Presupuestos Participativos en el Mundo, 2018

Fuente: Hope for Democracy, 2018.

 

Entre los muchos cambios registrados en los últimos años se destacan sobre todo tres:

  • La institucionalización de los presupuestos participativos, con la aprobación de leyes nacionales, que hacen obligatoria la adopción de estos procesos por parte de los gobiernos locales (y regionales). Son los casos de Perú, Indonesia, República Dominicana, Corea del Sur y Portugal[5]. Estos cinco países reúnen alrededor del 60 al 65% del número de presupuestos participativos en todo el mundo. Si a éstos añadimos la situación polaca, donde se creó una ley de incentivo a la adopción de los presupuestos participativos, pasamos a contabilizar entre el 80% y el 85% del total de los procesos a nivel mundial. Este nuevo marco representa un cambio radical en los actuales censos;

  • El salto de escala territorial e institucional del PP, con el surgimiento de experiencias promovidas por gobiernos regionales y nacionales. En este ámbito son paradigmáticos algunos ejemplos de estados y regiones en Brasil, Chile y Malasia; las cerca de 30 regiones de la Federación Rusa que en 2018 completaron sus ciclos de participación; tres casos a nivel nacional promovidos por el Gobierno de Portugal, desde 2017; las iniciativas, también a nivel nacional, promovidas en Taiwán, en el área de la cultura, y en Francia, sobre el tema del medio ambiente y la energía, ambas con designaciones distintas del presupuesto participativo;

  • La Europa pasó a ser el continente con el mayor número de presupuestos participativos en el mundo, registrando también algunos de los casos más innovadores de la actualidad. Esta transformación no es sólo numérica, sino que también cambia y de forma a veces significativa los objetivos y propósitos de estos procesos, que, como se sabe, tiene una función más redistributiva en América Latina, como instrumento de lucha contra las desigualdades y la corrupción, mientras que en Europa, visa sobre todo reconstruir la confianza de los ciudadanos en las instituciones y en la clase política.

 

 

El salto de escala territorial e institucional

 

Ante lo expuesto y sin menospreciar otros importantes cambios registrados en los últimos años, el “salto de escala territorial e institucional” es quizás el más significativo y sorprendente. En este ámbito, son paradigmáticos los casos del Estado de Río Grande do Sul (Brasil) iniciado en el 2014, que actualmente no está en vigencia; algunas regiones de países como Chile y Malasia que se encuentran comprometidas con estas dinámicas; las casi 30 regiones de la Federación Rusa que en el 2018 completaron sus ciclos de participación; los tres casos de ámbito nacional promovidos por el Gobierno de Portugal a partir del 2017; las iniciativas, también de ámbito nacional, promovidas en Taiwán, en el área de la cultura, y en Francia, sobre el tema ambiental y energético, ambas con distintas asignaciones del presupuesto participativo.

 

Los ejemplos elegidos, entre otros que existen en el mundo, plantean nuevos desafíos a la concepción, desarrollo y también a la evaluación de estos procesos. Para entenderlos es necesario contar con nuevas claves de lectura y nuevas referencias analíticas. Observen los casos que se exponen a continuación y que se llevaron a cabo en la Federación Rusa y en Portugal.

 

Local Initiatives Support Program en la Federación Rusa[6]

Los presupuestos participativos en la Federación Rusa, lanzados en el 2005 y basados en un modelo diseñado por especialistas del Banco Mundial, orientados específicamente a las regiones rusas, buscaron combinar los principios tradicionales de estos procesos con las lógicas de desarrollo comunitario, habiendo asumido la designación de Local Initiatives Support Program (LISP). Las iniciativas forman parte de un ciclo anual que prevé: i) el diseño de la metodología y la preparación del programa regional; ii) la capacitación de los funcionarios municipales para el desarrollo de las diferentes etapas; iii) la organización de encuentros para presentación, debate y votación de proyectos prioritarios a nivel de cada municipio/conglomerado de habitantes; iv) la preparación y especificación de los proyectos ganadores en cada territorio; v) el análisis preliminar de los proyectos priorizados en cada lugar; vi) la competencia regional para la jerarquización de los proyectos y selección de los ganadores; vii) la ejecución de las inversiones; viii) la ceremonia de entrega a la población.

 

Presupuesto Participativo de Sajalín - Rusia

Este proceso fue iniciado por el Gobierno de Sajalín en el 2018 y prevé las siguientes etapas:

i) la presentación de propuestas en asambleas públicas que se realizan a nivel de cada asentamiento urbano con una población mínima de 100 personas. En cada uno de los encuentros se elige una propuesta ganadora y tres delegados que serán sus representantes en la etapa siguiente; ii) reunión de delegados a nivel municipal para la presentación de las propuestas de los asentamientos y selección de las dos más votadas; iii) examen de viabilidad de las propuestas consideradas prioritarias en cada municipio; iv) votación pública de los proyectos finalistas abierta a la población de la región; v) puesta en práctica de los proyectos ganadores.

 

Presupuesto Participativo Portugal (PPP) y Presupuesto Participativo Joven Portugal (PPJP)

Iniciativas de ámbito nacional, iniciadas por el Gobierno portugués en el 2017, estructuradas en base a las siguientes etapas: i) presentación de propuestas de los ciudadanos a través de encuentros presenciales realizados en todas las regiones del país y de la página de Internet; ii) análisis técnico de las propuestas recibidas a cargo de los distintos agentes involucrados. Se prevé un período para reclamos de los resultados obtenidos; iii) votación pública de los proyectos finalistas; iv) ejecución de las inversiones ganadoras.

 

El PPP prevé la creación de subregiones y la distribución de los recursos de forma equitativa para cada una de las regiones, reservando un monto equivalente para los proyectos de ámbito nacional. El PPJP se desarrolló sin que hubiese una división del territorio.

 

Presupuesto Participativo de las Escuelas

Se trata de un proceso de ámbito nacional, que en 2017 contó con el apoyo del Ministerio de Educación portugués. Se creó una legislación que obliga a más de mil escuelas públicas del tercer ciclo de la educación primaria y de la secundaria a desarrollar el presupuesto participativo en cada establecimiento. El Gobierno transfiere anualmente a cada escuela un monto adicional, equivalente a 1 euro por alumno, con un mínimo de 500 euros por escuela, a los fines de financiar los proyectos que los estudiantes eligieron. La metodología definida prevé las siguientes etapas: i) preparación y difusión de cada edición; ii) presentación de propuestas de los alumnos; iii) difusión y debate de las propuestas presentadas; iv) votación de las propuestas; v) presentación de los resultados; vi) planificación y puesta en marcha de los proyectos ganadores.

 

En general, los casos expuestos suelen seguir, con algunas adaptaciones, los dos ciclos de implementación de un presupuesto participativo: la decisión y la puesta en marcha de los proyectos. Sin embargo, existen diferencias que resultan de los modelos institucionales que sustentan los proyectos, las opciones técnicas y políticas subyacentes y el contexto en el que se realizan. Una diferencia esencial entre las experiencias presentadas se basa en el hecho de que los presupuestos participativos promovidos por el gobierno portugués hayan surgido luego de una gran difusión de otros casos a nivel local. Los modelos nacionales asumieron la particularidad de no superponerse o entrar en conflicto con las iniciativas municipales existentes previamente.

 

A diferencia de ello, los presupuestos participativos en la Federación Rusa se iniciaron a nivel regional y sin ninguna tradición ni experiencia en términos locales. Cerca de 3.000 municipios, con excepción de las grandes ciudades, se integran a las iniciativas regionales, en una dinámica que se desarrolla de arriba hacia abajo. Esto significa que, al contrario de lo que ocurre en el resto del mundo, el proceso regional ocupó el lugar de los presupuestos participativos locales, reproduciendo a partir de él las tipologías más clásicas de inversión material. El cuadro que se expone a continuación puede ayudar a comprender las diferencias más sustanciales de los modelos comparados.

 

Cuadro  1 - Modelos de cambio de escala

Fuente: elaboración propia.

 

En todos los casos de ámbito territorial e institucional más extensos se plantean nuevos desafíos, entre ellos:

  • El modelo de gestión, que puede entenderse como una simple coordinación centralizada del proceso o bien una articulación entre diferentes niveles de gobierno - nacional, regional y local. Esta segunda opción, aunque más compleja, parece reunir las condiciones estructurales ventajosas para la asignación de los recursos más importantes para los proyectos, aumenta la capacidad de comunicarse de manera más cercana (esencial para la movilización de los ciudadanos), garantiza la presencia permanente del proceso en la sociedad, crea vínculos y compromisos políticos más sólidos y genera impactos estructurales sobre los territorios;

  • El modelo de organización territorial, que puede favorecer una distribución más equitativa de los recursos o una competencia que premia a las subregiones más pobladas o a las que más se movilizan para la participación. La apuesta por procesos que logren conciliar equidad en una competencia saludable puede generar interesantes impactos sociales sobre los territorios;

  • Los modelos de inversiones, que a groso modo se diferencian entre los más convencionales (obras públicas) y las acciones inmateriales. Los distintos tipos de proyectos elegibles y la manera como el territorio es preparado para abrigar el proceso puede construir diferentes maneras en que los ciudadanos se identifican con las prioridades. En la mayoría de los casos, en el momento de la presentación de las propuestas y de votación de los proyectos, la participación se relaciona principalmente con la identidad territorial. Esto es lo que muchas veces moviliza a las personas. El PPP y en parte también el PPJP introducen una novedad cuando apuestan a tipologías de proyectos inmateriales que pueden ser de ámbito nacional. En estos casos, lo que mueve a participar se relaciona con la identidad temática, movilizando a grupos sociales vinculados principalmente con determinadas áreas de las políticas públicas, como la cultura, el ambiente, la ciencia, etc.

 

 

Aportes para la construcción de la agenda de presupuestos participativos para los próximos 30 años

 

Todo indica que el mundo, tal como se conoce hoy, sufrirá significativas modificaciones en las tres próximas décadas. Una parte de estas modificaciones será motivada por los avances tecnológicos, la geopolítica internacional, los ciclos de la economía capitalista, el crecimiento demográfico y por los impactos de los cambios climáticos, entre otros.

 

La democracia deberá enfrentar dos desafíos esenciales: i) tomar las medidas necesarias para darle calidad al régimen, que permitan recuperar la confianza en las instituciones y en los agentes políticos, evitando que la crisis del sistema de representatividad se convierta en crisis de legitimidad; ii) reinventar sus procesos y procedimientos en un mundo que quedará marcado por la “dictadura de la tecnología”, donde las redes físicas darán lugar a las redes de inteligencia invisible, cambiando la forma de generar recursos públicos, de producir riqueza y de construirse la vida en sociedad. Los presupuestos participativos no serán inmunes a los cambios que se avecinan, y podrán pasar por procesos de recreación y adaptación a los nuevos contextos. Es necesario enfrentar algunos desafíos esenciales a los fines de que los PP continúen y alcancen niveles más elevados de propagación territorial e institucional y consoliden su sustentabilidad. Sin pretender ser exhaustivos, se exponen los siguientes:

 

  • Poner a los presupuestos participativos en la agenda política internacional

La temática de la participación ciudadana necesita ganar espacio dentro de las prioridades de las organizaciones internacionales, que son instancias determinantes en la gestión de los desafíos que el planeta enfrenta.

Sea cual fuere el enfoque y los argumentos utilizados, seguramente de geometría variable, es importante desarrollar esfuerzos conjuntamente con los foros de las Naciones Unidas, el G20, la Unión Europea y los BRICS, entre otros, que permitan estabilizar los niveles de entendimiento y concertación entre los agentes comprometidos con este tema y los representantes institucionales que lideran las agendas internacionales. Se trata de un desafío esencial para alcanzar un “salto de escala” en la importancia y visibilidad política de los presupuestos participativos.

 

  • Articular los presupuestos participativos con los objetivos de desarrollo sustentable

El año 2015 marcó la aprobación de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) establecidos en la cumbre de la ONU, en Nueva York (USA), que reunió a los líderes mundiales para adoptar una ambiciosa agenda de combate contra la pobreza y de promoción del desarrollo económico, social y ambiental a nivel global hasta 2030, denominada Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.

Esta agenda es fruto de un trabajo conjunto entre gobiernos, organizaciones sociales y ciudadanos y debe movilizar los presupuestos participativos en todo el mundo para que sus prioridades tengan coherencia con los ODS, focalizándose cada realidad en sus necesidades más urgentes. Esta apuesta refuerza la relación entre los procesos participativos y el desarrollo sostenible de los territorios y, en el caso de que sea debidamente proyectada y comunicada, podrá ampliar la visibilidad y credibilidad de los presupuestos participativos conjuntamente con los gobiernos e incluso por ante las Naciones Unidas.

 

  • Establecer puentes de relaciones con otros movimientos sociales y políticos

Los presupuestos participativos, en el nivel de los respectivos territorios, deben establecer puentes y reforzar las relaciones de cooperación con otros movimientos, grupos o redes de actores relevantes que tratan temáticas tales como: transparencia y datos abiertos, derechos humanos, defensa del ambiente, monedas sociales, agricultura urbana, patrimonio cultural, entre otras. Estas articulaciones seguramente ayudarán a que tengan mayor coherencia los presupuestos participativos con los ODS, a ampliar la base de apoyo a estas iniciativas y a brindar mayor ayuda social a la acción política que las promueve.

 

  • Reforzar el salto a escala territorial e institucional

En un contexto tan adverso como el planteado en el primer punto de este artículo, el éxito de los presupuestos participativos deriva mayormente de su carácter local. Esta característica posibilitó una gran propagación de estas iniciativas durante tres décadas, logrando alejarse de las dinámicas menos favorables registradas en el mundo. Este localismo, considerado como una ventaja desde un principio, es esencial para la experimentación y multiplicación. Hoy puede resultar insuficiente o incluso implicar cierta limitación para el crecimiento y la consolidación de estos procesos. Por lo tanto, el refuerzo del “salto de escala” territorial e institucional se vuelve primordial para alcanzar niveles más elevados de visibilidad, de afirmación social y política, así como también de sustentabilidad.

 

  • Reforzar los sistemas de participación

Los beneficios de la participación y sus impactos positivos en la credibilización de las instituciones y en la reconstrucción de confianza serán tanto mayores cuanto más abarcadora e integrada se encuentre la política que involucra a los ciudadanos en la gestión de los recursos y en la definición de las políticas públicas.

En otras palabras, los presupuestos participativos ya mostraron el éxito en muchas partes del mundo, pero aisladamente son aún frágiles e insuficientes para dar respuesta a los desafíos de una democracia que requiere una alta intensidad y calidad. De esto resulta la necesidad de utilizar otras herramientas y prácticas de participación ciudadana. Por lo tanto, nos encontramos frente a otro desafío esencial para los próximos años: la construcción de sistemas integrados de participación territorial.

 

  • Construir marcos legales que consoliden la sustentabilidad de los presupuestos participativos

Salvo algunas excepciones en el mundo, como en los casos de Perú, República Dominicana, Corea del Sur, Indonesia y Polonia, los presupuestos participativos dependen de la voluntad política de quienes fueron elegidos para que sean implementados y desarrollados. Sin embargo, esta voluntad viene mostrando sus debilidades y provocando oscilaciones un tanto significativas en algunos territorios. El saldo entre la “natalidad” y la “mortalidad” de los presupuestos participativos es positivo, aunque insuficiente para consolidarlos de forma más sólida en el mundo.

Los próximos años serán determinantes para implementar los marcos legales - por obligación o por incentivo - que ayuden a consolidar estos procesos. El principal desafío es lograr la creación de marcos legales que no transformen los presupuestos participativos en procedimientos rutinarios, sino que por el contrario, exijan un monitoreo permanente y que apelen a la creatividad y a la capacidad de innovación de estas iniciativas.

 

  • Convivir con las nuevas formas de inteligencia artificial (IA)

De acuerdo con muchos futurólogos, nos encontramos frente al comienzo de una nueva revolución provocada por el avance exponencial de la tecnología, la inteligencia artificial, la biotecnología y la nanotecnología[7]. Se espera que la humanidad sufra más cambios en las próximas tres décadas que en los últimos tres siglos. Las consecuencias son imprevisibles, pero no es difícil imaginar que se sentirán impactos significativos en la vida en sociedad, en las actividades profesionales, las relaciones internacionales, el funcionamiento de los mercados, la forma como las personas se relacionan entre sí y con las instituciones, planteando desafíos a la propia democracia y a la participación.

 

La IA es una realidad que se está construyendo en forma acelerada y planteará desafíos éticos muy serios para la humanidad. La presión sobre la protección de datos personales deberá incrementarse. Casos como el “Social Credit System” en China, el papel de Cambridge Analytica en la elección de Donald Trump, las “Fake News”, el poder de los algoritmos de Facebook y Google en la investigación de información, las “cámaras inteligentes” en los locales públicos son algunos de los ejemplos más actuales del camino comenzado por las sociedades modernas.

 

Las tecnologías de IA participarán del juego político cuando permitan la personalización masiva de contenidos y el anticipo de las tendencias y comportamientos. Por medio de la lectura masiva de datos, en pocos instantes los candidatos a las elecciones y los gobernantes podrán hacer el mapeo de centenas de grupos de personas, adaptando y segmentando sus discursos para satisfacer los deseos, miedos y sentimientos de cada persona, sin que éstas sean efectivamente escuchadas y sin que sus opiniones lleguen a determinar las prioridades políticas. Si este fuere uno de los caminos a seguir, seguramente los impactos negativos sobre la democracia y la credibilidad en las instituciones se verán afectados de manera aún más grave.

 

Es necesario establecer fronteras éticas muy claras y proyectar de qué manera las nuevas modalidades de inteligencia podrán efectivamente ser útiles para aumentar la transparencia de las instituciones, reforzar el diálogo entre gobernantes y gobernados y profundizar los espacios de participación.

 

Por medio de la producción masiva de tecnología y los precios accesibles para los consumidores, un gobierno local, en pocos años, podrá entrar en contacto de forma personalizada con los habitantes de un barrio a través de “asistentes personales” (es decir, robots u otras máquinas inteligentes), para que participen en una reunión o consulta pública sobre la discusión de un plan territorial o sobre la realización de una obra de restauración de una plaza.

 

Por lo tanto, sea por los riesgos o por las potencialidades de esta revolución tecnológica, los presupuestos participativos deben estar atentos y anticiparse a la realidad que se avecina.

 

 

Notas

 

[1] Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, 2014.

 

[2] Estudio “El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo”, publicado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura (FAO), disponible en http://www.fao.org/3/a-I7695s.pdf.

 

[3] Disponible en inglés en http://bit.ly/2yd6IZ5.

 

[4] Los cambios más sustanciales en relación con los mapas anteriores y los números vehiculados en conferencias internacionales se vinculan con los siguientes factores: i) la inclusión de cerca de mil presupuestos participativos desarrollados en las escuelas públicas del tercer ciclo y secundario, en el ámbito del Presupuesto Participativo de las Escuelas, implementado por el Ministerio de Educación de Portugal; ii) la obligatoriedad de los presupuestos participativos en Indonesia, estimándose entre 400 a 500 ciudades que realizan el proceso en la actualidad. Esta iniciativa se extenderá a las poblaciones rurales, que en Indonesia son cerca de 74 mil; iii) la inclusión de los aproximadamente 2000 presupuestos participativos en Perú, que son obligatorios por ley; la inclusión de los datos referentes a Escocia y Corea del Sur, hasta entonces poco conocidos.

 

[5] Estudio “El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo”, publicado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura (FAO), disponible en http://www.fao.org/3/a-I7695s.pdf.

 

[6] Shulga, Ivan et all (2017) Initiative Budgeting – Russian Experience of Citizens’ Participation in Addressing Local Issues, Alex, Moscovo.

 

[7] Serie “10 segundos para el futuro”, de la Radio Televisión Portuguesa, disponible en https://www.rtp.pt

 

Etiquetas:

Please reload

Posts Destacados

Revisitando las promesas democráticas del Presupuesto Participativo. A la luz de lógicas antagónicas de radicalización política, de buena gobernanza y...

April 20, 2020

1/7
Please reload

Posts Recientes
Please reload

Búsqueda por etiquetas
Please reload

Síguenos
  • Facebook Classic
  • Twitter Classic
  • Google Classic

Promoviendo la participación ciudadana en políticas públicas.

Asociación Argentina de Democracia Participativa | Sánchez de Loria 1413, Buenos Aires, Argentina |